jueves, 25 de junio de 2020

Me enamoré del suelo: Dra. Margarita E. Gutiérrez Ruiz

Dra. Margarita E. Gutiérrez Ruiz.

Cuando una persona nos atrae generalmente es por su aspecto y también por lo que dice y hace. Con el tiempo, podemos conocer su interior que hace surgir “la química”, que puede terminar en un enamoramiento. Análogamente el suelo se volvió mi tema de estudio. El amor por él empezó de pequeña, me encantaba hacer loditos y me preguntaba porqué se podía lograr algo tan brillante maleable y que podía ser utilizado como arma para las luchas entre niños. Observé que no todos los suelos servían algunos eran arenosos. Además, en mi Ciudad, Oaxaca había muchos alfareros y me fascinó ver como hacían con barro ollas, jarrones, etc. y todavía más ver como las plántulas de frijoles germinados en algodón morían si no se trasplantaban al suelo, pero al hacerlo crecían y se volvían plantas adultas. Adicionalmente, cuando salía a la carretera veía como había suelos de diferente color: rojos, amarillos, blanquizcos y casi negros. Los paisajes eran encantadores y yo le pedía a mi mamá que los colectara pera que se utilizaran en Navidad para el nacimiento. Además, fue fuente de muchas preguntas ¿porqué eran maleables cuando se mojaban y brillaban? ¿porqué tenían diferentes colores? Me volví una preguntona y decidí ser científica, estudié química en la UNAM.

 

Me alejé muchos años de cualquier tema relacionado con el suelo, pero el destino me volvió a acercar, pues empecé a trabajar en temas de contaminación por residuos industriales y municipales, y me di cuenta que el aire se podía limpiar, el agua también pero el suelo era el depósito final y se le dañaba seriamente, pues perdía sus valiosas e importantes funciones ambientales (retención del agua y purificación, insolubilización/degradación de contaminantes, alimentación de plantas y fauna edáfica, y protección del subsuelo). Pero a pesar de todos estos beneficios no lo valoramos. Cuando lo contaminamos, en el mejor de los casos, solamente se le remueve y confina, perdiéndose para siempre.

 Observé que a diferencia del agua y del aire, su composición es muy variable, y no pueden fácilmente desarrollarse soluciones generales. Me pregunté como había sido posible haber destruido los suelos más fértiles de los valles cubriéndolos con edificaciones, o haber contaminado la zona agrícola más productiva y que conforma un ejemplo de sustentabilidad mundial como lo es Xochimilco, o haber desecado el lago de Texcoco dejando al descubierto sedimentos que ha formado suelos salino-sódicos-alcalinos que con toda ignorancia se creen aptos para construir sobre ellos. Cada día, emisiones industriales contaminan y salinizan amplias zonas de suelo, las técnicas agrícolas mal manejadas los hiper-fertilizan y se contaminan con elementos potencialmente tóxicos y compuestos orgánicos no biodegradables..

 

Al buscar soluciones para estudios de caso, tuve que entender lo que pasaba en los suelos contaminados, cambié mi visión del suelo restringida a sus propiedades físicas posibles de ser observadas a simple vista, a estudiar los procesos químicos que las explicaban. Mi formación la logré leyendo y estudiando, aprovechando las fuertes bases en química y físico-química, especialmente en termodinámica; apoyándome con el contacto de investigadores, inclusive hice una estancia en Reading en Inglaterra.  Formé al primer grupo de biogeoquímica ambiental e implementé un laboratorio en el que he podido formar alumnos de los cuales me siento muy orgullosa, ya que me superaron, por ejemplo, Francisco Bautista, Mario Villalobos, Laura Ortiz y muchos más. 

 

Junto con todos mis alumnos y colaboradores hemos podido recuperar grandes áreas de suelos contaminados, evitando hasta donde es posible su remoción y confinamiento, y en cambio buscando métodos para conservarlo con diversos métodos, pero especialmente mediante, la estabilización química que busca la formación de compuestos insolubles termodinámicamente estables bajo condiciones extremas ambientales y/o la transformación de los contaminantes orgánicos en formas no tóxicas.

Puedo decir que después de 45 años en la UNAM, el suelo ha sido el piso de mi vida. Espero que muchas mujeres les pasé lo mismo, que se enamoren como yo de él, y lo seleccionen como tema de estudio, ayudando a protegerlo, e indirectamente también al agua, aire y a todo ser viviente. Les auguro diversión y emoción en su trabajo, y éxito y felicidad profesional.



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